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El sistema inmunológico trabaja día y noche para protegernos de infecciones y enfermedades, sin que tengamos que pensar en ello. Sin embargo, con el paso de los años, su funcionamiento puede verse afectado por diversos factores. Entre ellos nuestros hábitos diarios, el descanso, la alimentación, el manejo del estrés y el entorno en el que vivimos.
La buena noticia es que nunca es tarde para fortalecerlo. Desde antes de nacer y a lo largo de toda la vida, el sistema inmunológico responde positivamente cuando se lo cuida adecuadamente. A continuación, te presento once aspectos del diario vivir que te ayudarán a protegerlo y a mantenerlo funcionando de la mejor manera posible.
1. Higiene oral. La boca es el punto de entrada más común de los microorganismos. La humedad y la tibieza de la boca, junto con sus mucosas, la convierten en el ambiente propicio para el crecimiento microbiano. Cuando los microbios crecen sin restricciones, provocan enfermedades periodontales y caries. Si esta situación empeora, los microorganismos pueden extenderse por el resto del cuerpo y afectar el sistema inmunológico. Un buen cuidado bucal lo fortalecerá.
2. Higiene del sueño. Dormir es una de las maneras más sencillas y naturales de fortalecer el sistema inmunológico. Las personas que tienen un sueño adecuado cada noche tienen cuatro veces menos probabilidades de contraer un resfriado. El tiempo que dedicamos a dormir es crucial para que el cuerpo descanse y se repare. Por ejemplo, sin un descanso adecuado se producirán más radicales libres e inflamación. También la función de las células T, o linfocitos T, para combatir invasores se verá reducida hasta en un 70%. Tampoco se producirán las proteínas que combaten la infección y la inflamación.
3. Lavado de manos. Esta es otra manera sencilla y eficaz de prevenir que los microorganismos patógenos ingresen al cuerpo y se propaguen. Primero, mójate las manos con agua limpia y frota el jabón entre ellas hasta formar abundante espuma. Luego, restriégalas al menos por 20 segundos, prestando atención en cada uno de los dedos, debajo de las uñas y en el dorso de las manos. Tercero, enjuágalas bien con agua limpia. Finalmente, sécate las manos con una toalla limpia, preferiblemente desechable, o sécalas al aire.
4. Higiene personal y cuidado de la piel. El aseo personal es fundamental para evitar que agentes dañinos entren en nuestro organismo. La piel es el órgano más grande del cuerpo y la primera línea de defensa contra estos invasores. Los expertos recomiendan bañarse diariamente con agua tibia (no caliente), secar la piel con pequeñas palmadas (no restregarse) y humectarla de inmediato para conservar su humedad. Una alimentación rica en frutas y vegetales ayuda a mantener la piel saludable. Además, es altamente recomendable que, cuando estornudemos, lo hagamos en la parte interna del codo. También es crucial evitar tocarse los ojos, la boca o la nariz. Generalmente lo hacemos de manera inconsciente entre 15 y 18 veces por hora.
5. Desinfección de superficies. Las casas, en general, pueden albergar en el polvo doméstico más de 2,000 especies de hongos y 7,000 de bacterias. Para prevenir la propagación de gérmenes, es necesario limpiar y desinfectar con regularidad las superficies con las que tenemos contacto habitual. Por ejemplo: teléfono móvil, paños de cocina, asiento del inodoro, perillas de las puertas, fregadero de la cocina, esponjas de cocina, así como el mouse y el teclado de la computadora. Otras superficies que a veces pasamos por alto son: el control remoto, los brazos de las sillas, el volante del auto, los picadores de alimentos, las manijas de los armarios (clósets) y las mesas.
6. Manejo del estrés. El estrés constante provoca que el cuerpo produzca hormonas, como el cortisol, que suprimen el sistema inmunológico y nos vuelven más propensos a enfermarnos. Las personas con estrés constante tienen el doble de probabilidades de enfermarse que las personas con estrés esporádico o sin estrés.
7. Cambios bruscos de temperatura. La temperatura del aire acondicionado suele chocar con la temperatura ambiente de la calle, especialmente durante el verano. Si pasas de un extremo de temperatura a otro en un intervalo corto de tiempo, estás obligando a tu sistema inmunológico a adaptarse rápidamente para estabilizar la temperatura corporal. Estos cambios bruscos suelen provocar resfriados y afectar el sistema inmunológico.
8. Fumar. La inmunidad innata y la adaptativa o adquirida son susceptibles al humo del cigarrillo. Fumar altera el equilibrio inmunológico y ejerce efectos nocivos sobre las células inmunitarias. Esto actúa como una navaja de doble filo que potencia respuestas inmunitarias dañinas o atenúa la función defensiva normal del sistema. En ambos casos, juega un papel más perjudicial que beneficioso.
9. Ingesta de alcohol. El alcohol dificulta que el sistema inmunológico se prepare y defienda al cuerpo contra los microorganismos patógenos, lo que aumenta el riesgo de infecciones graves. En los pulmones, por ejemplo, el alcohol daña las células inmunitarias y los pelos finos que eliminan patógenos de nuestras vías respiratorias. Si estas células están dañadas, los patógenos acceden fácilmente al sistema respiratorio, lo que aumenta el riesgo de enfermedades graves y complicaciones. En el intestino, el alcohol puede desencadenar inflamación y dañar la microbiota, pieza clave para la salud inmunológica.
10. Actividad Física. La actividad física tiene beneficios incomparables para el sistema inmunológico. Estudios han demostrado que tan solo una sesión de 20 minutos es suficiente para reducir los niveles de inflamación en el cuerpo. La actividad física regular hace que los anticuerpos y los glóbulos blancos circulen más rápidamente. Esto permite al sistema detectar y destruir a los invasores con mayor rapidez. Hacer actividad física al menos cinco días a la semana reduce el riesgo de resfriados en casi un 50%. Además, en quienes se enferman, los síntomas son mucho más leves.
11. Control de inflamaciones. La inflamación a corto plazo es parte esencial de una respuesta inmunológica saludable. Esta respuesta aumenta el flujo sanguíneo y acelera la sanación. Sin embargo, demasiada inflamación por poco tiempo o poca inflamación por mucho tiempo produce un efecto contrario. Por ejemplo, daña las células y los tejidos saludables en vez de solo los invasores. Algunos factores que provocan inflamación persistente son:
- fumar, estrés, falta de sueño
- alimentación poco saludable
- inactividad física, sobrepeso, obesidad
- exposición a sustancias tóxicas (pesticidas, contaminación ambiental, productos de limpieza, emisiones industriales de gases, entre otras)
Cuidar el sistema inmunológico no requiere acciones complicadas, sino constancia en hábitos diarios que protegen la salud y fortalecen el cuerpo a cualquier edad. Cada decisión cotidiana —desde dormir bien hasta manejar el estrés— puede marcar la diferencia entre un sistema inmune debilitado y uno resiliente. Adoptar estos hábitos es una inversión directa en la calidad de vida, la independencia y el bienestar a largo plazo.
Referencias principales
Harvard Health Publishing. Harvard Medical School. (n.d.) How to Boost Your Immune System. Helpful Ways to Strengthen Your Immune System and Fight Off Disease.
Kaiser Permanente (2025). How to Boost Your Immune System: 6 Proven Tips.
U.S. Centers for Disease Control and Prevention. (2025). Healthy Habits: Enhancing Immunity.










