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La inflamación es la respuesta protectora de nuestro sistema inmune a la infección, enfermedad, trauma, heridas o lesiones, toxinas y estrés físico. Esta reacción se clasifica en inflamación aguda e inflamación crónica. La inflamación aguda es fácil de reconocer y es una reacción a corto plazo. Esta se manifiesta generalmente con enrojecimiento, hinchazón y fiebre. Es un proceso esencial, es benéfica y favorece la recuperación.
La inflamación crónica es persistente y hasta puede durar años. Esta se propaga en nuestro cuerpo sin signos externos, pero dañando tejidos y órganos. Esta respuesta continúa produciendo moléculas inflamatorias, que alteran los procesos fisiológicos normales y afectan la inmunidad innata.
Si la causa de la inflamación permanece, las células diseñadas para destruir al causante, terminan dañando lo que encuentran a su paso. Ha menudo esta inflamación no se detecta. Los estudios indican que eventualmente puede causar cáncer, diabetes, enfermedades cardiovasculares y autoinmunes. Este tipo de inflamación se conoce como inflamación crónica de bajo grado.
¿Cómo la alimentación produce Inflamación Crónica de Bajo Grado?
Las investigaciones han demostrado que la alimentación juega un papel clave en la regulación de la inflamación. La alimentación pro-inflamatoria o alimentos inflamatorios alteran las respuestas de defensa de nuestro cuerpo, produciendo enfermedad o agravando la que tenemos. Entre los mecanismos generales que promueven este tipo de inflamación se destacan los siguientes:
- acumulación de tejido graso
- producción de estrés oxidativo
- activación de vías pro-inflamatorias celulares
- daño de la integridad y función de la membrana intestinal
- producción de metabolitos inflamatorios (productos del metabolismo)
- desbalance de la microbiota intestinal promoviendo bacterias patógenas
- aumento de adipocinas pro-inflamatorias (proteínas producidas por el tejido graso)
Componentes alimentarios que favorecen la Inflamación Crónica de Bajo Grado
- Carnes rojas – activan vías pro-inflamatorias a través de el compuesto hemo
- Grasas saturadas y trans – activan vías pro-inflamatorias y producen estrés oxidativo
- Alcohol – daña la integridad y función del intestino y crea desbalance en su microbiota
- Edulcorantes artificiales – dañan la integridad y función del intestino y crean desbalance en su microbiota
- Azúcar en exceso – favorece la acumulación de tejido graso abdominal y aumento de adiposinas pro-inflamatorias
- Carnes procesadas y ultra-procesadas – activan vías pro-inflamatorias a través de los nitritos (aditivo para preservar alimentos)
- Carbohidratos refinados – activación de vías pro-inflamatorias a través del aumento en exceso de la interleucina 6 (proteína del sistema inmune)
- Bajo consumo de fibra – reduce las bacterias beneficiosas intestinales y la formación de los ácidos grasos de cadena corta que reducen la inflamación y mantienen la integridad de la membrana intestinal
Adoptar una alimentación balanceada es clave para reducir la inflamación crónica de bajo grado y prevenir enfermedades graves a largo plazo. Comienza hoy a sustituir alimentos inflamatorios por opciones más saludables que promuevan tu bienestar integral. Cada decisión, aunque pequeña, marcará una gran diferencia en tu salud y calidad de vida.
Referencias principales
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